Cuando llegamos a Barcelona, en la
prehistoria de aquel 2002, leí una de las mejores novelas que tengo en
la biblioteca: La ciudad de los prodigios. Desde entonces, lo admiré.
Por su humor, por lo bien que escribe... Esta semana empecé a leer El
año del diluvio. Los dos primeros días me preguntaba ¿va a pasar algo
con este cacique del vallés y la monja? ¿Por qué lo estoy leyendo? Hoy
entendí: porque me gusta. Porque escribe bien. Porque cuenta a Catalunya
mejor que muchos que escriben en catalán. Por eso queremos tanto a
Eduardo Mendoza, y añoramos a Onofre Bouvila.
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