Alejandro Parisi

Alejandro Parisi

miércoles, 3 de octubre de 2018

Delivery. 16 años de empanadas.

Hace 16 años, presentábamos esta novela en un bar que ya no existe, como tampoco existen los beepers que usaba Martín. Pero él sigue existiendo, en el recuerdo, en los pocos ejemplares que quedan, siempre con la ilusión de volver de San Clemente convertido en alfajores y reedición.





"Olivos. Vamos por una avenida que se llama Maipú y después que pasamos por la quinta presidencial doblamos a la derecha por la calle Corrientes y volvemos a doblar a la derecha por la calle Córdoba. Llegamos. Es el culo del mundo, pienso y digo qué lindo barrio. De afuera la casa parece normal, pero si está en este barrio muy normal no debe ser. Bajamos del auto, Romi toca timbre. Con lo fuerte que está la música no nos van a escuchar, dice pero enseguida una señora que tiene puesto un delantal abre la puerta. Adelante, dice y Romi me agarra la mano que no tengo lastimada y entramos. Pasamos a un living.

Hola chicos, dice alguien y una mujer muy bien vestida nos saluda. Él es Martín, dice Romi y yo sonrío como un estúpido. Hola, digo y la mina me da un beso. Yo soy Silvia, la tía de Romi, dice, y él Mario, mi pareja. ¿Pareja de qué, de truco, de paddle o de tenis?, pienso y tengo ganas de reírme pero no me río. Es la madrina de Tamara, dice Romi. Yo no digo nada porque Romi es hermosa y porque la tía Silvia me da una copa de champagne. En una de las paredes hay una biblioteca llena de libros, todos del mismo color. Los miro y Mario me dice se nota que te interesan los libros. Sí, digo, me la paso leyendo. Romi me apreta la mano como diciendo “no seas hijo de puta”. La tía Silvia dice la fiesta es en el parque. Sí, sí, muy lindo todo pero mejor que haya comida, pienso.
Cruzamos toda la casa y vamos al parque que más que un parque parece un salón de fiestas. Hay un montón de pendejos parecidos a los que van a Edén: todos chetos, todos estúpidos. Algunas chicas están bailando. Las mujeres siempre bailan. Escuchan cualquier música y se mueven. A mí me gusta mirarlas. En un costado del parque hay una mesa con comida y bebida y con gente alrededor. La música es mala.
La tía Silvia y Mario se van para otro lado. Viene una piba que es igual a Romi pero más chiquita y antes de que diga algo le digo feliz cumpleaños. Romi se ríe y dice ¿viste que parece mi hermana? ¿Y quién es?, digo y la piba me dice hola, soy la prima. Entonces viene otra piba que también es parecida pero yo no digo nada. Romi la abraza y le dice feliz cumple, Tami y saca un regalo de la cartera y se lo da. Feliz cumpleaños, digo y la saludo. Hola, dice y después se va con la prima. Lindas las chicas.
Nos sentamos y la señora que nos abrió la puerta trae una bandeja con canapés y saladitos y se va y después vuelve con unas cazuelas con ravioles con tuco. Antes de que se vaya otra vez, le pregunto de qué son los ravioles y me río. De pollo, dice. Gracias, digo. Comemos y tomamos más champagne. Romi sigue hermosa y yo no pienso en nada.

Después se acerca otra piba. No se parece en nada pero es la hermana más grande de Romi, Claudia. Me saluda y me dice hoy hablamos por teléfono ¿no? Sí, era yo, digo y pienso que con esta mina es mejor hablar por teléfono. Debe ser adoptada, pienso y pienso qué mina fea. Claudia, la Claudia, pienso y me acuerdo de la mujer de Maradona.
Alguien cambia la música de mierda por música buena. Beatles. Entonces le digo a Romi vamos a bailar y bailamos y como ninguno de estos estúpidos sabe bailar rock, los únicos que bailamos somos Romi y yo y Mario y la tía Silvia. Todos nos miran y a mí me gusta que me miren porque Romi es hermosa y porque sí. Cuando la canción termina, nos aplauden y Romi me da un beso y me dice no sabía que bailabas tan bien. Linda la fiesta.

A eso de las cuatro le digo a Romi que me quiero acostar con ella. Se ríe pero dice yo también. Saludamos a las hermanas de Romi, a la tía Silvia y a Mario y nos vamos. Llegamos a Caballito. Romi sin decirme nada entra el auto en un telo de Castro Barros y Rivadavia. Joya, joya, joya, pienso.
Pedimos una habitación, nos dan la llave, entramos y cogemos hasta las seis de la mañana. A las seis y media Romi me lleva a casa. Me dice te quiero y yo le digo sos hermosa. Me bajo del auto, cierro la puerta, camino alrededor del auto y me paro delante de la ventanilla de Romi. La pasé joya, digo y le doy un beso. Después se va y yo entro a casa y voy a acostarme. En el reloj de la video, las seis cuarenta y tres AM."

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