Alejandro Parisi
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miércoles, 17 de octubre de 2018
Nos vamos a la Biblioteca Domingo F. Sarmiento de General Villegas.
El 29 y 30 de octubre vamos a estar visitando General Villegas, provincia de Buenos Aires, invitados por la Biblioteca Domingo F. Sarmiento, para visitar a los lectores. Vamos a charlar con estudiantes de las escuelas Nacional, IMI, 201 y 8 que leyeron la Trilogía del Holocausto y con los adultos que leyeron esos y otros libros. Gracias Nieves Castillo por la invitación, pero sobre todo por darnos la noticia de que tenemos lectores en Villegas.
martes, 16 de octubre de 2018
Qué pasa en el barrio: Feria del Libro de Hurlingham.
Finalmente, el viernes pasado estuvimos en el Centro Cultural Leopoldo Marechal visitando la 10ma. Feria del Libro de Hurlingham, invitados por el amigo Isaac Castro. Antes de charlar con los lectores, conversamos con la gente de la Radio Obrera de Hurlingham sobre la escritura, la memoria, dictaduras, fascismo, inmigración y responsabilidades que la sociedad suele evitar.
Después, fue un placer conversar con Gaby Verdicchio y los que se acercaron a escucharnos. Siempre es lindo charlar con los lectores que te leen porque con sus preguntas te obligan a dar explicaciones que siempre se formulan post escritura. Aunque también hablamos sobre el gusto por la lectura, Giuseppina, Frattini, y mis parecidos con Martín y Balestra. Hablar de Mira, Nusia y Hanka fue la continuidad de anteriores conversaciones que se dieron en el Colegio Sagrado Corazón de Hurlingham, donde Gaby era docente y donde Andrea Caramutta, la profe, sigue tentando a sus alumnos con estas novelas.
En fin, una linda noche en Hurlingham donde, a pesar de los malos tiempos, el Municipio, y sobre todo el caballero Isaac Castro, le ofrecieron a los vecinos durante una semana la posibilidad de acercarse a los libros y sus autores.
A todos, muchas gracias.
viernes, 9 de marzo de 2018
Entrevista sobre HANKA 753.
Gracias a los amigos del blog literario El almacén de libros por esta entrevista.
(http://elalmacendelibros.com.ar/2018/03/08/10-preguntas-a-ale-parisi/)
(http://elalmacendelibros.com.ar/2018/03/08/10-preguntas-a-ale-parisi/)
10 PREGUNTAS SOBRE HANKA 753
Existe un interés especial en
vos por narrar historias de vida, como es el caso de las protagonistas
de la trilogía de El ghetto de las ocho puertas, La niña y su doble y
Hanka 753. ¿Cómo surge este interéS?
El interés siempre está puesto en las
buenas historias. Me pasó lo mismo al conocer a Carlos Frattini, el
protagonista de Un caballero en el purgatorio. Si bien su historia de
robos, retratos y cárceles no tiene nada que ver con Mira, Nusia y
Hanka, él también tenía una historia enorme que contar. En la trilogía,
las tres historias son muy distintas aunque comparten el mismo espíritu:
el martirio, la heroicidad, la supervivencia en medio de la barbarie. A
veces, los autores creemos que “la invención” tiene un valor agregado.
Yo dudo de eso. Para mí, el valor está en la escritura, en el hecho de
poder transmitir con palabras e imágenes una buena historia, ya sea
ficción o basada en hechos reales. ¿Quién renunciaría a charlar con el
protagonista de su libro y conocer la historia directamente de quien la
vivió? Yo no.
¿Cómo es que llegás a conocer a Mira, a Nuria y a Hanka?
Fue una cadena. Mira era la abuela de mi
amigo Ary, que me pidió que escribiera la historia. Nusia era amiga de
Mira, y Hanka las conocía a las dos.
¿Cómo surgió la idea de escribir “Hanka 753?” ?
Después de escribir La niña y su doble
creía que mi experiencia con el tema del Holocausto estaba terminada.
Tenía miedo de repetirme, y el proceso de aquellos dos libros me había
dejado emocionalmente agotado. Uno se compromete, le toma cariño al
personaje, comparte la tristeza de esos recuerdos macabros… Así que
cuando me llamó Hanka, fui a conocerla para explicarle esto, para
excusarme diciendo que no podía escribir su historia. En dos horas, me
contó tres escenas que me asombraron. Salí de su casa pensando que si no
escribía esa novela (que era totalmente distinta a las anteriores) me
iba a arrepentir toda la vida. Y así fue que comenzamos a trabajar.
¿Qué nos podés contar acerca del trabajo con Hanka para reconstruir su historia y recabar información?
Con las otras dos novelas aprendí que yo
tenía que estar a disposición de la memoria de las protagonistas, y no
al revés. Conversar, dejarlas hablar de lo que quisieran cada día sin
imponerles fechas o esquemas cronológicos. Aceptar que la memoria es
como una cebolla que a medida que se pela va mostrando distintas capas,
distintas dimensiones. Así fue que conversamos durante todo un año. Si
bien eso implicaba un trabajo enorme a la hora de desgravar y ordenar
los recuerdos para armar la estructura de la novela, al mismo tiempo me
permitió saber cómo iba a ser la novela antes de sentarme a escribir.
Por eso la escritura fue tan fugaz. En apenas tres meses la había
terminado. Claro que para que eso sucediera, ya había medido y ponderado
a mi protagonista durante todo un año.
¿Qué fue lo más difícil a la hora de reconstruir estas historias, y en este caso, la de Hanka especialmente?
Enfrentarlas con su propio dolor. Yo
conocía y charlé con tres abuelas de 80 y pico de años, pero lo que
ellas buscaban, las tres, era a las niñas que habían sufrido el
Holocausto. El caso de Hanka es el mas gráfico: cuando empezó la guerra
ella tenía nueve años, 12 cuando se llevaron a su padre… De alguna
manera, la novela es la búsqueda de esa nena que vio cómo golpeaban a su
padre y lo cargaban en un camión para gasearlo, cómo tuvo que abandonar
la escuela, sus juegos, su casa, todo por culpa del nazismo. Y al
rememorar esas situaciones, Hanka volvía a llorar como la nena que había
tenido que dejar de ser. Eso, sin dudas, fue lo que mas me conmovió.
¿Qué fue lo más gratificante y positivo de poder escribir su historia de vida?
Ayudarla a cumplir su objetivo: dejar testimonio para que eso no vuelva a ocurrir.
El libro fue presentado en el
Centro Ana Frank Argentina con la presencia de la protagonista, imagino
fue un momento muy emotivo. ¿Cómo lo vivieron?
Fue muy emotivo, pero no sólo por Hanka.
Para mí, fue el cierre de una etapa, aunque nunca se sabe. Ver en
primera fila a los Erlich, los personajes de la primera novela que
escribí sobre el tema me movió el piso. Fueron 10 años en los que
aprendí muchas cosas. Y ver a los lectores, a la familia, a todos los
que se acercaron porque habían leído las otras dos novelas y querían
conocer también a Hanka me llenó de orgullo.
Si tuvieras que elegir un personaje de ficción de algún libro para sentarte a charlar un rato, a quien elegirías?
Tengo dos. No puedo elegir entre ellos.
El primero, el Profesor Challenger, de “El mundo perdido” de Sir Arthur
Conan Doyle. El segundo, Edmon Dantès, alias El conde de Montecristo, de
Alejandro Dumas. Son dos tipos inventados que, sólo por envidia y
admiración, me metieron en este baile que es la escritura.
lunes, 8 de enero de 2018
viernes, 4 de noviembre de 2016
Entrevista a Nusia, protagonista de La niña y su doble.
La chica judía que salvó su vida a costa de perder su identidad
Para protegerla, su padre le consiguió el documento de una niña ucraniana de su edad que había fallecido y ella adoptó su nombre y su religión. Nusia le contó a Tiempo Argentino la forma en que logró sobrevivir al horror nazi. (por Mónica López Ocón.)Entre los 11 y los 17 años Nusia Stier, judía, polaca, fue Stanislawa –Slawa– Jendrus, católica, ucraniana. El cambio de nombre, religión y nacionalidad era la diferencia entre la vida y la muerte. En 1939, la ciudad en la que vivía, Lwow, fue invadida por los rusos que años antes habían matado a su familia materna y, dos años más tarde, por los nazis. Nusia consiguió el documento y adoptó la identidad de una chica de su edad que había fallecido. Para salvarla, su padre la llevó a un orfanato para niños ucranianos. Allí fue adoptada por la mujer de general Bezruchko, quien había participado de la muerte de judíos. Su madre adoptiva sólo se enteró de su verdadera identidad al terminar la guerra. Su padre biológico y su hermana murieron y ella se reencontró con su verdadera madre con quien viajó hacia la Argentina.
Su historia fue recogida por el escritor Alejandro Parisi, quien la noveló sin apartarse nunca de los datos reales. El libro insumió un año de trabajo en el que Nusia volvió a recorrer su historia ante el escritor. El producto de ese encuentro fue La niña y su doble, un texto que permite asomarse a la dolorosa historia de una víctima del Holocausto que no pasó por un campo de concentración, pero que perdió a sus seres queridos y pagó el precio de negar su identidad para convertirse en otra.
–¿Qué significa cambiar de identidad?
–Significa ser otra persona o tratar de ser otra persona. Y eso se hace a base de mentiras. Hay que inventar cosas, pero el riesgo de esto es que de una mentira a otra uno se olvida de lo que dijo. Eso fue difícil.
–Con connotaciones mucho más trágicas, lo suyo tuvo algunos puntos de contacto con el trabajo de un actor porque, para ser otra persona, hay que creerse que uno es otra persona.
–Exactamente, ese fue mi caso. Muchas veces llegué a creer que realmente era la hija del general Bezruchko y por eso actuaba con tanta seguridad.
–Eso se ve claramente en un pasaje del libro en que se narra que mientras usted se dirigía a la casa de sus padres adoptivos donde se daba una fiesta, un soldado alemán la increpa en la calle y le dice judía a modo de insulto. Luego, usted encuentra a ese soldado en la fiesta dada por sus padres adoptivos y cuenta lo que pasó. El superior del soldado le pega por haberse atrevido a llamar judía nada menos que a la hija del general Bezruchko.
–Sí, yo lo señalé al soldado y le dije a Claudia, mi madre adoptiva, que el soldado me había señalado y me había gritado judía. Tuve mucho coraje porque me dio mucha rabia. Yo le explicaba en ucraniano que no era judía, que era ucraniana y él insistía en que no lo era. En un momento me arrancó el tapado y vio que yo estaba vestida con el traje nacional ucraniano. Ahí fue cuando él se sorprendió y me dijo que me fuera. Entonces pensé: “Yo me voy a vengar de ti.”
–¿Cómo fue para usted, judía, convivir con una familia antijudía? Su padre adoptivo había sido el responsable de la muerte de muchos judíos.
–Sí, él era el primer ayudante de Symon Petliura (NdR: Petliura fue durante un breve período presidente de Ucrania y llevó a cabo varios pogromos en los que murieron miles de judíos).
–¿Qué le generaba que él fuera su padre adoptivo?
–En aquel tiempo él ya era una persona muy vieja y no estaba muy bien de la cabeza. En la casa de mis padres adoptivos nunca se habló de los judíos. Ellos se sentían por encima de esas cosas. Hablaban de la independencia de Ucrania, de cosas relacionadas con la política, pero no de los judíos.
–En la novela da la impresión de que su madre adoptiva era discriminatoria respecto de los judíos.
–Yo no lo creo así. Una sola vez la escuché decir, al ver a un grupo de judíos: “Ah, todavía hay judíos.” Para ellos los judíos no eran un tema porque se sentían más arriba de eso.
–Cuando terminó la guerra, usted quedó en una situación muy particular.
–Sí, porque no tenía a dónde ir.
–Pero además la perseguían los ucranianos.
–Sí, eso fue un poco más tarde, cuando decidí volver a Polonia porque supe que mi madre biológica estaba viva. Ahí sí, los ucranianos comenzaron a perseguirme.
–Los ucranianos la acusaban de traición y además, como judía, había vivido entre gente antijudía. ¿Usted se sentía una traidora?
–Los ucranianos me persiguieron porque yo conocía sus actividades y temían que los delatara. No olvide que quienes “cuidaban” a los judíos y no judíos que estaban en los campos de concentración en su mayoría eran ucranianos. Ellos temían que yo delatara a los que habían actuado en los campos de concentración. Pero yo estaba tan acostumbrada a vivir entre ellos que cuando fui a pedir mis papeles al consulado polaco de Salzburgo y me pidieron los nombres de los que habían sido guardias en los campos, no los di. Tenía cierto sentimentalismo. Que ahora esté arrepentida es otra cosa, pero eso fue lo que hice en aquel momento porque había convivido con ellos.
–¿Está arrepentida realmente?
–Sí, porque eran asesinos. Eran peores que los alemanes nazis.
–¿Cómo recuerda desde hoy esa época?
–Creo que la recuerdo cada vez menos. O quizás uno quiere recordarla menos. Es posible que uno quiera recordarla cada vez menos porque recordar de manera permanente hace que uno se sienta mal. Para poder vivir, los recuerdos a la larga tienen que ser buenos.
–Usted no pasó por un campo de concentración, pero es una sobreviviente. ¿Se siente como tal?
–Sí, soy una sobreviviente, pero hay que entender que uno está vivo y que tiene que pasar la vida lo mejor posible. Para vivir hay que olvidar, de lo contrario uno siempre se va a amargar con el pasado.
–De todos modos, usted recuerda y recuerda tanto como para haberle contado su historia a un escritor con el objetivo de que él escribiera una novela. ¿Por qué decidió contar su historia y hacerla pública?
–Porque insistieron mis hijos y especialmente mi nuera. Mis hijos sabían muchas cosas de cómo pasé yo la guerra y cómo la pasó mi marido. Mi nuera insistió en que todos debían saber lo que había pasado precisamente para que no pase nunca más.
–¿Qué le produjo recorrer tan pormenorizadamente esa historia dolorosa?
–Tengo muy buena memoria y hablando lentamente con el escritor, la memoria vuelve. Uno dice una palabra y comienzan a llegar los recuerdos. Nos reunimos durante un año para que él reuniera el material para el libro.
–Es decir que estuvo todo un año instalada en sus recuerdos.
–Sí, pero por suerte el escritor era muy discreto. En algunos momentos, cuando los ojos se me llenaban de lágrimas él giraba discretamente la cabeza para que yo no me sintiera mal.
–¿Además de dolorosa la experiencia fue también liberadora?
–Sí, porque algunas cosas mis hijos no las sabían porque yo nunca las contaba.
–¿Su padre fue amigo de los rusos porque los admiraba o como una forma de pasar inadvertido?
–Creo que los admiraba. Así como mi mamá los odiaba, él simpatizaba con ellos.
–¿Qué edad tenía usted cuando vio por última vez a su padre?
–Tenía 11 años. Mi hermana siempre estaba al lado de mi madre y yo, siempre al lado de mi padre.
–¿Por qué su padre eligió que fuera usted la que se internara en un hogar para niños ucranianos huérfanos y no su hermana?
–Porque eso dependía de los documentos que uno pudiera tener. Mi hermana era mayor que yo y mi padre consiguió los documentos de una chica ucraniana fallecida que tenía más o menos mi edad. Yo soy del año ’30 y el documento era del año ’31. Había que encontrar documentos apropiados a la edad que cada uno tenía. Mi hermana también consiguió después documentos, pero la pescaron en un control en que había un nazi y un ucraniano. Ella mostró sus documentos y el nazi le dijo que se fuera, pero el ucraniano insistió en que ella era judía. Incluso el alemán le dijo: “¿Y a vos qué te importa que sea judía, dejala ir, es una linda chica?” Pero el ucraniano no la dejó ir y la llevó a un campo de exterminio. El muchacho polaco que la acompañaba cuando la detuvieron fue a avisarle enseguida a mi padre. Mi padre habló con un alemán nazi que conocía para que intercediera, pero cuando este llegó al campo de exterminio a mi hermana ya la habían fusilado.
–Su padre, que codirigía una casa en la que se hacía ropa, entabló una relación con los nazis que le permitía sobrevivir y también ayudar a otra gente. ¿Por qué se quebró esa relación?
–El director general de la fábrica era un alemán que no era nazi. Mi padre era algo así como un subdirector. Había cuatro subdirectores. Cuando los nazis llegaron a nuestra ciudad, el director, que era un ingeniero textil, les dijo a todos que él los iba a salvar. En esa fábrica se hacían los uniformes alemanes y también se los reparaba. El director les dijo a todos los subdirectores que los iban a llevar a un campo de exterminio, pero que él los iba a ir a buscar y les iba a dar uniformes alemanes para que se metieran en el tren que iba a Rumania. Al llegar a ese campo, mi padre creyó que no los iba a salvar y se arrojó por una ventana del tercer piso, se quebró una pierna y los nazis lo fusilaron. Los otros tres subdirectores se pusieron los uniformes alemanes, se metieron en el tren y se salvaron.
–En el libro hay una escena increíble, que es cuando usted le confiesa a su madre adoptiva, Claudia, que es judía.
–Sí, a ella no le molestó, no me hizo ningún reproche. Incluso le mandó una carta a mi madre diciéndole cuánto me quería. Nunca tuvo un gesto que yo pudiera criticarle. «
martes, 1 de noviembre de 2016
Entrevista en diario El Popular.
Quiero agradecer al amigo Rodrigo Fernández por la linda charla que tuvimos hace unas semanas y que salió publicada en forma de entrevista este domingo 30 de Octubre en el diario El Popular de Olavarría. Lo más difícil fue definir cada uno de mis libros en dos o tres palabras.
Acá dejo el link al diario http://www.elpopular.com.ar/eimpresa/247049/lo-que-escribo-se-mueve-por-imagenes-y-emociones y, abajo, el texto completo para quienes quieran leerlo.
"Lo que escribo se mueve por imágenes y emociones"
Alejandro Parisi no pensaba ser escritor. Lo
suyo era convertirse en jugador de fútbol. Pero la suerte, que no es tal
sino el destino, lo puso al frente de un teclado y de una hoja en
blanco.
Rodrigo Fernández rfernandez@elpopular.com.ar
@rodrigofernand
"Mi sueño era ser futbolista, para nada pensaba que podía llegar a escribir", dice Alejandro Parisi vía telefónica. Son cerca de las 3 de la tarde y se lo escucha descansado. A su lado, me confirmará poco después, hay un mate recién cebado.
"Vengo de una familia de inmigrantes tanos por el lado de mi viejo", cuenta, y aclara que su padre comenzó a trabajar con su abuelo en un corralón de materiales poco después de terminar 4º grado.
Parisi se crió en una casa donde no había libros, "salvo mi vieja, que leía Agatha Christie, sobre todo en el verano cuando nos íbamos a San Clemente", relata, y recuerda que en esa época su madre iba a tiendas de canje porque "los iba leyendo y los cambiaba". En esos veranos comenzó a comprar cómics, aunque nunca fue fanático. "Se ve que como todo pibe me entraban por los ojos los dibujos", explica.
El mundo de los libros se le abrió a los 12 años cuando llegó a sus manos "El mundo perdido", de Arthur Conan Doyle". "Cuando a los 12 años en San Clemente del Tuyú, donde el mar no es mar sino el río que entra y depende del viento, leía el libro de un tipo que se iba a buscar dinosaurios en una meseta del Amazonas, eso como ¡guau..., mirá lo que se puede hacer leyendo...! Es algo que conservo todavía como lector y también como autor, que es la acción en el relato", analiza el autor, y remarca que le aburren los libros de tesis, salvo Aldous Huxley.
"Me gusta la literatura, no de acción, de movimiento, donde pasan cosas. Que los personajes hagan cosas y que no me bajen línea sobre cómo tengo que pensar", afirma.
Después de aquella afiebrada lectura con el libro de Conan Doyle, Alejandro Parisi recién volvería a cruzarse con un libro en el año que estudia el CBC en la UBA (Universidad de Buenos Aires).
El futbolista que no fue
"Mi sueño era ser futbolista, para nada pensaba que podía llegar a escribir", cuenta en charla telefónica, y agrega: "Yo quería jugar a la pelota". Lo intentó hasta los 15 años, pero "el entrenamiento me mataba" y abandonó. Se le cerró el camino del futbolista, pero se le abriría la puerta del escritor.
Había terminado el secundario en la misma escuela a la iba desde el jardín de infantes y la salida "del microclima de Lugano" lo conectó con otro grupo de gente. Chicos más grandes que él, con una bohemia que le fueron transmitiendo poco a poco.
Parisi los recuerda como un "grupo de pibes muy autodidactas a los que les gustaba mucho explorar". "Ellos me enseñaron a leer, me enseñaron a escuchar música. Después, con el CBC, empecé a leer en serio", y reconoce entre risas que durante todos los trabajos, en la escuela secundaria, en Literatura "nunca leí un libro, me los contaban".
Es por ello que durante sus tres primeros años de lectura, entre los 18 y los 21 años, "tuve que empezar a ponerme a leer cosas que toda la gente ya había leído" y ahora reconoce que "por un lado fue una pérdida de tiempo".
El camino del escritor, como siempre, había empezado en el lector y los mismos que lo habían iniciado lo incitaron a que comenzara a escribir. En el bar donde por las noches se juntaban, "ellos escribían y me alentaban mucho a escribir".
Rimbaud, Baudelaire y Lautréamont eran la Santísima Trinidad que leía incansablemente. "Yo quería eso y escribía unas cosas horribles", declara otra vez entre risas.
"Quería salir de eso pero no sabía cómo, porque yo venía de un lugar social donde la gente no tenía que escribir, tenía que conseguir un laburo", y eso lo condicionó bastante. Pero en su ayuda llegó la posibilidad de sumarse a un taller literario que dictaba el escritor Diego Paszkowski y el mundo comenzó a verse distinto. Recuerda que "tenía 19 años y fue buenísimo para mí. El me dijo: ‘lo que escribís es una mierda’. Todos necesitamos que nos digan eso cuando somos chicos".
Ahí decidió pasarse a la narrativa y empezó a escribir cuentos. Para ello lo ayudó mucho la lectura. "En el taller empecé a escribir un texto que terminó siendo mi primera novela". "Delivery" (Sudamericana, 2002), una novela escrita poco antes del estallido de 2001, que mostraba los antecedentes de lo que llegaría después.
El libro salía "mientras el país se caía de a pedazos" y poco después Alejandro Parisi decidió embarcarse en otra historia. La de irse a vivir a Barcelona junto con su mujer. "Me quedé sin laburo y mi mujer quería hacer una maestría afuera, aprovechamos y nos fuimos", dice.
"Durante los primeros seis meses nos mudamos seis veces" y quiso la suerte que uno de los ejemplares de su novela, que se había llevado bajo el brazo, se quedara en uno de los departamentos en los que vivió. "Dio la casualidad que la dueña del departamento salía con un productor. El encontró el libro, lo leyó, le gustó, me llamó y me compró los derechos de cine".
En ese momento "laburaba de mozo 8 ó 9 horas por día y él me dijo: ‘quiero que dejes todo y te dediques a mi guión’ ". Parisi le dijo que era imposible, que no podía porque tenía que trabajar. Pero el productor encontró la manera de ayudarlo. Lo hizo entrar en un casting de guionistas. "Entré, quedé y dos o tres pibes me enseñaron a escribir guiones". Así trabajó escribiendo programas infantiles durante cuatro años, hasta su regreso al país, un trabajo que aún continúa haciendo.
Guionando o la leyenda del escritor maldito
"Lo que me dio el guión fue cierto profesionalismo", reconoce, y cuenta que le reafirmó "un montón de cosas que yo creía de la literatura, que es sentarse en la silla y escribir, escribir, escribir", y además lo obligó a hacer cosas sistemáticas. "Antes empezaba o no sabía adónde iba, pero ahora ya no me pasa eso", y por otro lado también lo ayudó a "romper cierta solemnidad que alguna gente cree que tiene la literatura y que realmente no la tiene". Las leyendas sobre los iluminados que escriben de noche y con whisky de por medio no tienen nada que ver con él, que escribe "de día y con mate", dice entre risas.
"Con el guión encontré que podía vivir de lo que escribo. Porque no vivo de mis ficciones, pero vivo de lo que escribo", admite, y apunta que "a mí lo que me gusta es escribir y necesito un trabajo. Entonces desde el momento en que se me combinaron las dos cosas siento que soy un autor".
Alejandro Parisi escribe de mañana, después de llevar a su hija al jardín de infantes. Desde cerca de las 9.30 hasta las 4 de la tarde. "Me dedico a laburar fuerte. El guión me enseñó a aprovechar el tiempo", cuenta, y señala que si se traba en la escritura "hago otras cosas: cocino, saco los yuyos de las macetas...". "Mi mayor lucidez está entre las 10 de las mañana y las 3 de la tarde", manifiesta.
El tiempo restante se lo dedica a su familia, aunque reconoce que durante el día se queda pensando en lo que ya escribió y por ahí corrige o agrega algo al texto. Reconoce que su "mayor placer es cuando la casa se queda vacía y subo al estudio y puedo sentarme a escribir".
"Lo que escribo generalmente se mueve por imágenes y emociones. A mí me gusta sentirlo yo; después si el lector lo siente o no, es problema suyo", aclara sobre el final, y apunta que es por eso que "me gusta la escritura, sobre todo la primera versión, donde uno va a experimentar lo que quizás experimentará el lector, aunque no siempre", pero para él es "lo más parecido al placer de la lectura".
Feria del Libro y choripanes, la solemnidad y lo snob
Cuando en la conversación surge el tema de la Feria del Libro, Alejandro Parisi dice entre risas que siempre se acuerda con su padre de los choripanes que se comían cuando iban. "Mi vieja y yo íbamos a mirar libros, y mi viejo y mi hermano se quedaban en los puestos de choripán que había antiguamente al fondo", cuenta. "Yo me cansaba rápido por la gente y mi vieja se quedaba entre los libros. Mientras tanto nosotros comíamos choripán. Ese es el recuerdo que tengo de la Feria del Libro", comenta intentando contenerse otra vez.
Desde su punto de vista "las presentaciones de libros son para los amigos, salvo que sea un evento de la editorial para promoción".
"Escribo y quiero que me lean, tenés que promocionar el libro", pero "prefiero promocionarlo fuera del ambiente literario", sumando nuevos lectores desde otros ámbitos.
"Hay autores que escriben para autores. A mí no me interesa el gueto. Todo lo que es de culto me molesta", cuenta, y manifiesta que esa decisión es ideológica.
Los libros y el autor
Alejandro Parisi reconoce que es difícil, pero igual acepta el desafío de intentar explicar en pocas palabras qué significan sus libros para él.
Delivery, Sudamericana 2002: "Es la iniciación. Desde el argumento a la historia, al ambiente. Es la iniciación, sin ninguna duda".
El Ghetto de las ocho puertas, Sudamericana 2009: "Es la historia de la abuela de un amigo, con todo el sentimiento que eso implica. Fue una novela que me desgastó mucho, la protagonista se murió. Fue todo muy triste".
Un caballero en el purgatorio, Sudamericana 2012: "Admiración por la vida que tuvo Carlos Frattini. Es el libro que más me gustó y el que menos se leyó. Frattini es Snoopy, está en todos lados. Un personaje divino".
La niña y su doble, Sudamericana 2014: "Fue un desafío".
Con la sangre en el ojo, Grijalbo 2015: "Balestra es puro placer. Venía hacía mucho con esa idea y sabiendo que era el primero de varios".
Su rostro en el tiempo, Sudamericana 2016: "Es la tragedia tana. No me privé de nada: la gente agarrándose de los pelos y gritando, un velorio de familia, el olor a comida".
lunes, 24 de octubre de 2016
Entrevista Radio Mitre Bahía Blanca.
Hace unos días estuvimos charlando con Darío Faure, de Radio Mitre Bahía Blanca, sobre mis libros, mis lecturas, la escritura, etc.
Para escuchar la entrevista, hagan click acá.
Para escuchar la entrevista, hagan click acá.
jueves, 23 de junio de 2016
Entrevista capoteana. Por Toni Montesinos
En
1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía
que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se
entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que
sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora,
extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la
que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Alejandro Parisi.
Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
Mi casa.
Ahí paso el 80% de mi tiempo, y me fastidia ese 20% en que tengo que salir.
¿Prefiere los animales a la gente?
Animales.
Cualquier especie no parlante.
¿Es usted cruel?
No, pero puedo serlo
con facilidad.
¿Tiene muchos amigos?
No.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
Más que cualidades,
para considerar amigo a alguien necesito que se establezca una intimidad a salvo
de multitudes.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
No. Los que lo hicieron
dejaron de ser amigos para ser gente despreciable a la que nunca más le dirigí
la palabra.
¿Es usted una persona sincera?
Sí.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Viendo fútbol. O pensando,
solo, sentado en mi terraza. Podría responder “leyendo”, pero no considero la
lectura como una ocupación del tiempo libre.
¿Qué le da más miedo?
La gente.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le
escandalice?
Los crímenes contra
los niños.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida
creativa, ¿qué habría hecho?
Ser
futbolista, sin dudas.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
No.
¿Sabe cocinar?
Sí. En mi casa preparo
la cena todos los días. Y también disfruto cocinando para mis amigos los fines
de semana.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un
personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
Tuve la suerte de
novelar la vida de varias personas inolvidables. Pero, de elegir una sin el
límite de tiempo/espacio, me hubiera gustado escribir sobre Jemmy Button.
Button, un indígena originario de Argentina, fue secuestrado por los ingleses
en el siglo XIX, que trataron de civilizarlo en Londres y, de regreso a la
Patagonia, lo soltaron para que civilizara a sus compatriotas. Pero Button se
desoccidentalizó y se unió a su pueblo para matar a los invasores.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de
esperanza?
Humanidad.
¿Y la más peligrosa?
Humanidad.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
Sí, por supuesto. En
general, gente anónima que intenta usurpar el lugar en una fila, o contesta
mal, o estaciona en las rampas… En fin, los que se mueven como si estuvieran
solos en el mundo y no respetan a los demás.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
Detesto la
burocracia y a los tecnócratas que se la pasaron estudiando sin trabajar y, sin
saber cómo vive el pueblo, idean los pasos a seguir en la economía, el
desarrollo, la asistencia social, etc.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Estadio de
fútbol.
¿Cuáles son sus vicios principales?
La ansiedad y el
tabaco.
¿Y sus virtudes?
La tenacidad, el
humor y, a veces, solo a veces, la elocuencia.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del
esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
Mi familia, las
tapas de mis libros y, seguramente, algún gol de Boca Juniors.
El link del sitio: http://almaenlaspalabras.blogspot.com.ar/2016/06/entrevista-capotiana-alejandro-parisi.html
miércoles, 14 de octubre de 2015
Charla con Mariano Manzanel, de Fermín Libros.
Acá las tres partes de la linda conversación que mantuvimos en casa con Mariano. Generoso, me hizo pensar un montón de cosas.
Primera parte.
Segunda parte:
Tercera parte:
Primera parte.
Segunda parte:
Tercera parte:
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