Alejandro Parisi

Alejandro Parisi

lunes, 3 de agosto de 2015

"El ghetto de las ocho puertas", reseña del Diario La Prensa.

DIARIO LA PRENSA.Cultura
EL ESCRITOR ALEJANDRO PARISI HABLA DE SU NOVELA "EL GHETTO DE LAS OCHO PUERTAS"
Historia de amor y encierro
El libro narra la vida de Mira Ostromogilska, una mujer que padeció el mal nazi y que por eso sufrió en carne propia males impensados. Pasó un largo tiempo huyendo y su último destino fue la Argentina, donde encontró un poco de paz.

La novela "El ghetto de las ocho puertas", de Alejandro Parisi, recrea la vida de Mira Ostromogilska (1922-2009), una polaca que vivió la odisea de ser judía en un país sitiado por los nazis, allí vio la destrucción paulatina de su familia y tuvo que huir en una larga travesía cuyo último destino fue la Argentina.
"Era la abuela de un amigo, Ary Erlich, y yo había escuchado anécdotas aisladas que me parecían una ficción acerca de todo lo que había pasado Mira junto a su marido Edek Erlich y sus hijos Teo y Alice antes de llegar a la Argentina. Un día Ary me llamó para pedirme que escribiera la historia de su familia", cuenta Parisi.
 Con la muerte de su marido, prosigue el autor, "Mira juzgó que ya era tiempo de revelar un secreto guardado por cincuenta años: su hijo Teo era en realidad hijo biológico de su hermana Edwarda, desaparecida durante la guerra y ese fue el disparador del libro", recién publicado por Sudamericana.
"Si bien él sabía quién era, el secreto perduró en un principio para preservarlo y después terminó siendo un hijo verdadero", subraya Parisi, cuya única condición para escribir fue poder recrear ese relato oral de Mira desde la literatura.
MOMENTO DE EMPATIA
 Meterse en esta historia, escribirla, fue un reto. "Tuve mucha responsabilidad moral -recalca-. Lo escribí como una novela porque no sé hacerlo de otro modo pero respeté la realidad. Yo di forma a las situaciones, al decorado, le agregue los diálogos pero ella era la dueña de su memoria: "esto pasó así".
 "Estuve tres meses hablando con Mira y me costó lograr la línea del tiempo, ella se iba acordando cosas y las tiraba, no fue fácil organizar la información. Era volver sobre lo mismo hasta entender, sobre todo los años que se escapan del gueto, parece una road movie. Y no llevó ningún diario, tenía una memoria extraordinaria, era una mujer capaz, muy inteligente", describe.
 Perteneciente a una familia acomodada de Lodz, Mira es testigo del suicidio de su padre, un comerciante que se dedicaba al rubro de los perfumes y decide matarse por las deudas, en plena crisis económica de la preguerra. Con una situación que cambiaba para peor Mira se traslada con su madre y Edwarda a Varsovia.
Son años vertiginosos en los que la protagonista termina la escuela comienza a trabajar, su hermana se casa con Boris Lewin -ocasión en que Mira conoce a Edek-, y en febrero de 1939 nace su hijo Teo. Al poco tiempo llega la noticia de que habían expulsado a todos los judíos de Alemania.
"Mira nace en 1922 y a los diecinueve años se produce la invasión a Polonia. A partir de allí sus recuerdos se entrelazan con la descripción de lo que fueron esos días para lo judíos de Varsovia empujados al gueto: de una población de trescientas cincuenta mil personas llegaron a cuatrocientas mil al año siguiente, cuando empezaron a ser deportados a los campos de concentración", apunta Parisi.
EL HIJO PERDIDO
En ese marco, Edwarda y Boris entregan a Teo para que pase un tiempo con una familia polaca de origen católico. Aunque lo ven de lejos en una oportunidad y la madre logra reencontrarse con su hijo una última vez, no volverán a vivir juntos.
"Fue una época terrible para Mira y Edek, se casan en el gueto y cuando tienen que escapar los esconden en una caja de madera -desgrana el autor-. Es el comienzo de una huida durante la cual le pierden el rastro a Edwarda y a Boris para siempre".
En ese entonces Mira tiene veintitrés años y Edek veinticinco y logran recuperar a Teo, que entonces tenía seis años. Poco después se produce la capitulación de Alemania y los Erlich dan inicio a un largo peregrinaje que los lleva primera a una Berlín en ruinas, donde Mira da a luz a su hija Alice.
De allí marcharon a París, donde se instalaron en 1948 y un año después Teo comenzó a ir a la escuela. Ya hablaba un perfecto francés.
"En silencio, pensaba que Edwarda hubiera sido dichosa al saber que su hijo se había convertido en un niño responsable e inteligente (...) a veces yo la nombraba, pero Teo se ponía nervioso y rápidamente cambiaba de tema", evoca Mira.
 "Poco a poco, como un barco encallado en las profundidades del mar, la historia de Boris y Edwarda dejó de ser el pasado para convertirse en nuestro secreto", escribe Parisi sobre esta decisión que se extendería por tanto tiempo.
REFLEJO DE VIDA
"El libro para Mira tiene mucho sentido, porque cuando muere Edek ella quiere hablar de su hermana, porque para mantener el secreto de Teo no la mencionaba. El sabía quiénes fueron sus padres, pero nunca había preguntado nada", resalta el escritor.
"Me parece que la segunda parte de la novela toma mucha velocidad -considera- y pone el acento en recuperar lo perdido y no olvidar. Ellos viven grandes acontecimientos y el terror por una nueva situación de guerra los trae a la Argentina, apenas tres días de la muerte de Evita".
"Siempre decía: "llegamos acá y no tuvimos que mentirle más a nadie. Soy judía y a nadie le importa. Puedo hablar mal y nadie me va a discriminar. Algo que me sorprendió", observa.
Cuando Mira leyó la versión final del libro, antes de su muerte que fue bastante repentina, recuerda el escritor, "lo veía como un legado a sus nietos, que pudieran leer por lo que habían pasado sus abuelos".

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