Hay textos que no deben editarse. Este es uno de esos.
San Juan, 2022.
En 2017 me escribió una docente de la escuela Industrial
Domingo Sarmiento y del Fray M. Esquiú de la provincia de San Juan. Su nombre
era María Isabel Paredes, y me dijo que con sus alumnos de Literatura, junto
con la profe de Historia Fabiana Puebla, estaban leyendo El ghetto de las ocho
puertas. Me mandó fotos del trabajo de las pibas y los pibes, pizarrones llenos
de flechas, reflexiones muy emotivas, preguntas. Cuando le mostré todo eso a
Teo Erlich, el bebé de la novela, Teo me dijo “Quiero conocer a esos pibes” y
nos fuimos a San Juan en lo que se volvió un viaje emblemático en nuestras
vidas.
Cinco años más tarde, ya sin la presencia de Teo, que
falleció hace dos años, volví a San Juan porque los chicos y las chicas de las
nuevas camadas siguen leyendo El ghetto, y también La niña y su doble y Hanka
753.
Estuve apenas 24hs en la provincia, pero cada viaje es una
transfusión de energía y emociones. Esta vez, noté que los pibes y las pibas
tenían muchas mas ganas de hablar que de escucharme. Eso fue tremendo por dos
cosas: porque yo iba para escucharlos a ellos (no hay nada mas lindo que oír a
los lectores) y porque esas ganas de alzar su voz es una muestra mas de que
tenemos que escuchar a los y las jóvenes. Ya destruimos bastaste el mundo y la
sociedad para seguir insistiendo en la preponderancia de la voz de nosotros,
los adultos. Creo que llegó el momento de escucharlos a ellos. Y no saben la
cantidad de cosas que tienen para decir.
Volví feliz, cargado de regalos, cartas, fotos, golosinas,
vinos, aceite y el cariño de mis amigos y amigas sanjuaninos.
Pude reencontrarme con mis amigas, esas profes que laburan
sin descanso aunque cobren poco, aunque no les alcance el tiempo y tengan que robarles
tiempo a sus familias para dedicárselos a sus alumnos. Porque eso que dicen
muchos políticos de que “los docentes son vagos” es una falacia de esos vagos
que nos gobiernan. Estas mujeres no paran de laburar y atajar situaciones que
no les corresponden pero que no esquivan nunca. Por eso, mi admiración y mi
agradecimiento a mis queridísimas María Isabel, Fabiana, Daniela, Agostina,
Juli, María Laura, Belén, Ceci, y las autoridades del Fray, Adriana y Soledad,
y de la Escuela Industrial, Jorge y Raúl.
También a las bibliotecarias de la Escuela Industrial, Noemí,
Irene y Laura, que me mostraron libros que el propio Sarmiento trajo de Francia
e Inglaterra.
A los chicos y las chicas, qué decirles. Les agradezco
infinitamente sus lecturas, sus palabras, sus preguntas, sus críticas, la
generosidad con que compartieron sus sentimientos y sus reflexiones. Fue un
sacudón escuchar a los mas grandes, los ocho sextos años de la escuela
Industrial: desde las reflexiones sentidas de Ambar, hasta el querido Camuña
que me regaló orgulloso un vino que produce su familia, y los locos de
electrónica que me regalaron un chip y los que se emocionaron con los videos de
Hanka. A Milagros, Lucas y todos y todas los de tercero, que leyeron El ghetto
de las ocho puertas, melancólicos porque no pudieron conocer a Teo cuando vino,
pero que para ellos es un héroe de novela, y me regalaron dulces, cartas
hermosas que voy leyendo de a poco.
A los del Fray, además de las lecturas, los regalos y el
cariño, tengo que agradecerles también el silencio y la paciencia que mostraron
cuando me acerqué a la mesa para empezar la charla y me di cuenta que era la
misma mesa, el mismo lugar, pero que Teo ya no estaba para acompañarme y no
pude seguir hablando. La de Teo no fue la única ausencia: también estaba libre
la silla de Víctor Kovalski, egresado de la Escuela Industrial y ex presidente
de la Kehila de San Juan, que falleció el año pasado luego de postularme a mí
como candidato al Premio Daia-Banco Galicia por el laburo que hicimos en su
querida provincia a lo largo de estos años.
A los que estaban ahí, gracias por dejarme emocionarme
sabiendo que ustedes compartían esa misma sensación de ausencia.
Claro que la ausencia se compensó, porque a un costado
estaban Gema, Micaela, Lourdes, Florencia, Sofía y Noelia, las pibas que
emocionaron a Teo años atrás y empujaron aquel primer viaje, hoy egresadas,
estudiantes de periodismo, diseño, teatro, literatura… Gracias por el aguante.
Nada más. No tengo mas palabras.
O sí. Nos vemos el año que viene.
Los quiere mucho, este autor agradecido.