Alejandro Parisi

Alejandro Parisi
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lunes, 2 de noviembre de 2015

Foto de Köln.

Junto a Victoria Torres, tan generosa, en el Taller de Infancia en Dictadura de la Universidad, hablando sobre "El ghetto de las ocho puertas" y "La niña y su doble".


jueves, 29 de octubre de 2015

En el NS-DOK de Köln.


Centro de Documentación sobre el Nacional-Socialismo de la ciudad de Köln, que fue la antigua cárcel de la GESTAPO, y nos enseñaron el subsuelo. Allí estaban las celdas donde esclavizaban, torturaban y fusilaban a las víctimas del nazismo.  

"El Centro de Documentación sobre el Nacionalsocialismo (NS-DOK) tiene desde 1988 su sede en el llamado EL-DE-Haus. En este lugar estuvo ubicada la central de la Gestapo (la Policía Secreta del Estado) de Colonia desde diciembre de 1935 hasta marzo de 1945. La denominación de EL-DE-Haus (transcripción fonética de las iniciales L-D) se deriva del nombre de su propietario, el comerciante católico Leopold Dahmen, que alquiló a la Gestapo el cuerpo del edificio sin terminar. Ésta lo adaptó a sus necesidades, ordenando sobre todo la construcción de diez celdas para prisioneros en el sótano. Como por una ironía del destino, el EL-DE-Haus no sufrió daños en general durante la guerra. El edificio se sometió a reformas y se amplió siguiendo el mismo estilo. Desde su ampliación en el año 2012 el NS-DOK ocupa alrededor de 2.800 metros cuadrados del EL-DE-Haus."

...

"La Biblioteca contiene, en forma presencial, literatura especializada en el tema de Colonia en la época nacionalsocialista y la historia del nacionalsocialismo en general, así como su didáctica y el extremismo de derechas. Además de libros y revistas actuales, se reúnen también tesinas, periódicos de la época, libros, folletos y productos impresos, como los boletines informativos de organizaciones nacionalsocialistas, así como revistas empresariales del ámbito de Colonia. La biblioteca alberga aproximadamente 18.424 volúmenes (estado en 2012) y su uso es gratuito. El catálogo puede consultarse online. Los usuarios de la biblioteca reciben asesoramiento para sus proyectos y pueden hacer uso de los materiales de la mediateca."

Desde ayer, y gracias a Victoria Torres, de la Universidad de Köln, la Biblioteca del NS-DOK tiene un ejemplar de "El ghetto de las ocho puertas" y uno de "La niña y su doble". Un orgullo estar ahí.

Para más información, pueden entrar a la web del NS-DOK: http://www.museenkoeln.de/ns-dokumentationszentrum/pages/317.aspx?s=317

miércoles, 28 de octubre de 2015

Ser otro. Breve reflexion sobre mi escritura.





De a poco empieza a ordenarse el cuerpo, después de una semana en Alemania y 26 largas horas de viaje.
Sigo completamente agradecido a Katharina Niemeyer y Victoria Torres, que me invitaron a Köln. Por su generosidad, su simpatía, su interés y su hospitalidad. Pero también por darme la oportunidad de pensarme a mí mismo como autor. Soy un tipo bastante misántropo, que necesita moverse en ambientes controlados: mi familia, mis poquísimos amigos, mi estudio, mi biblioteca y mi computadora. Esa característica, o limitación para quien lo quiera, y cierta urticaria a la posibilidad de pensar la literatura como algo más que sentarse a leero o a escribir, pocas veces me dan lugar para pensar en mi escritura. El único lugar donde puedo hacerlo sin sentir que me estoy traicionando es en los asados de mi amigo Emiliano Álvarez, donde Ricardo Strafacce, el propio Emiliano y Rolo Pérez me enseñan y me hacen pensar muchísimo, como en mi juventud me hacían pensar Nicolás Maisonnave y Hernán Di Palma.

Porque hay determinadas cuestiones que uno sólo las racionaliza cuando las habla con otros. Con la escritura me pasa eso. A la hora de escribir, tengo algunas pocas cosas más claras que hace algunos años, pero generalmente me acompaña la sensación de que voy tomando decisiones sin pensar, muy instintivamente. Hay días que todo me parece una casualidad: que se me ocurra una historia, que escriba un texto, que empiece, continúe o termine una novela parece algo normal, sin filtro, sin pensamiento y estrategia. En eso, mis personajes se me parecen: actúan sin explicar por qué. Pero cuando me encuentro con gente que se dedica a lo mismo que yo es inevitable pensar determinadas cosas que digo a boca de jarro y que, de pronto, como una revelación, me doy cuenta de que las pienso mucho más de lo que creía. O mejor dicho, que las tengo más racionalizadas y aplicadas de lo que pensaba.

En relación a eso, noté algo en Köln que hubiera sido muy difícil notar estando solo en mi casa: la distancia y el respeto que tengo con mis personajes.Y todo surgió debido a dos preguntas que me hicieron.

Empecé mi ponencia sobre “El ghetto de las ocho puertas” y “La niña y su doble” aclarando que no descarto que cosas como el nazismo y la dictadura argentina vuelvan a ocurrir en algún momento próximo en cualquier parte del mundo, basado en la desconfianza que me genera la especie humana: “una especie invasora que tiene la misma capacidad para producir el horror como la belleza”. Alguien del público hizo gestos de sorpresa. Y esos gestos se intensificaron cuando, al final de la ponencia, dije que admiraba el mensaje que habían dejado Nusia y Mira a través de mi escritura; un mensaje que ellas me transmitieron como personajes y que yo respeté a ultranza: que la vida es hermosa, que la venganza no sirve de nada, es decir, la fuerza para sobreponerse y el optimismo de sobrevivir y disfrutar hasta el último minuto de vida. Ahí, dos personas me preguntaron, confundidas, como podía ser que ese pensamiento optimista fuera tan contradictorio con lo que yo pienso como persona. En ese momento sonreí, incluso la pregunta me había causado una gracia sincera: yo soy yo, y mis personajes, otros. “Yo escribo para ser otros”, pensé. Por eso, si un personaje piensa de una manera, lo banco. Lo que yo pienso del mundo y la vida se lo digo a mis amigos, no a mis lectores. Parece algo básico, pero no es tan así.

La segunda pregunta que me hizo pensar fue por qué Nusia y Mira no hablaban en argentino. Esto me hizo recordar la conversación que tuve al respecto con un periodista uruguayo hace unos meses. No hablan argentino, ni está escrito en argentino, porque todo ocurrió en polaco. Y como no sé escribir en polaco, lo hice en un lenguaje más universal que localista. Hubiera sido medio extraño escribir “rajemos que vienen los nazis, gato”. 

Una pregunta se sumó a la otra, y juntas provocaron ciertas conexiones neuronales (que no se me dan muy seguido) que me hicieron entender las reglas que, intuía pero no sabía, yo respeto en mi escritura: escribir historias que no me permitan bajar línea de cómo pienso. Salir de la primera persona autoreferencial, autosatisfactoria y localista. Escribir sobre otros, como si fuera otro, otros. Por eso en mis libros no hablo de los libros que me gustan, ni de la comida, ni de la música que prefiero, ni de lo que pienso que “debería ser” la literatura, la política, la vida en general.  El único tema que no puedo contener es Riquelme, sepan disculparme. Obviamente mis personajes tienen rasgos míos, eso es imposible de combatir: Martín desconfía de todos, a Balestra le molesta estar con mucha gente y le sudan las manos cuando está nervioso, y Giuseppina sólo cree en ella y en Vito. Pero nunca se explayan sobre esos temas, tan sólo aparecen como características que los llevan a actuar, no a pensar y contar esos pensamientos. Y escribo sobre lo que me interesa a mí, aunque en los textos no diga por qué me interesan tales temas.

Y entonces pasaron dos cosas: entendí la confusión del público y me alegré de haberla generado, porque eso significa que llevo varios años sosteniendo en mis libros algo que no tenía tan claro y que pensaba que era pura intuición. También, y esto creo que es un síntoma de los 40 que vienen marchando, implacables, con pinzamientos de columna,  sé que una posición no es mejor que la otra, ni que la otra es peor. 
Sólo me da la tranquilidad de conocerme un poco más frente al teclado. Fue un instante. Y sé que hasta el próximo asado en lo de Emiliano no voy a pensar en estas cosas, que solo me voy a dedicar a escribir.
Pero qué tranquilidad.



martes, 27 de octubre de 2015

Fotos de Köln.































Equipo. Köln.


De derecha a izquierda, los participantes del taller: Victoria Torres, Cristina Papaleo, André Kubiczek, Katharina Niemeyer, Ángela Urondo, Fernando Aramburu, Jordana Blejmar, Ernesto Semán y yo.

Universidad de Köln.


Estuvimos charlando con las alumnas que están preparando un trabajo sobre "El ghetto de las ocho puertas" y "La niña y su doble". Y todo gracias a su buena onda y su perfecto español.

domingo, 25 de octubre de 2015

Biblioteca de la Universidad de Köln II.


Firmando uno de los ejemplares que dejé en esa enorme biblioteca. El copy right de la foto: Cristina Papaleo.

viernes, 23 de octubre de 2015

La noche de Köln.






Decidí volver caminando desde Neumarkt, a pesar de la sorpresa de la genia de Victoria Torres (“¿estás seguro? Llueve…”) y sus hermosas y divinas hijas, Emilia y Catalina. Pero insistí. Quizá por nostalgia: garuaba finito, algo que perdimos en Buenos Aires en manos, o en gotas, de esas tormentas tropicales que tenemos ahora. 
Al llegar a Rudolf platz (no lo sé, pero supongo que su nombre se debe al príncipe Rudolf, ese amor imposible de la abuela de Nusia) me encontré, bajo una de las antiguas puertas de Köln, una de esas ferias europeas con puestos de comida recién hecha: pescaderías que te hacen un sándwich con el pescado que elegís, queserías que te cortan el queso y te lo sirven, carnicerías que te cortan el trozo de carne y te lo cocinan en el momento… Frente a esas situaciones, siempre pienso “yo no soy de acá” y sigo de largo. Pero paré. 
Elegí un sándwich de arenques y una (unas) copas de vino blanco español. Saqué muchas fotos, que colgaré a la vuelta porque me olvidé el cable. Otra vez, mi inglés tarzanezco volvió a salvarme. Después, de regreso al hotel, hice la parada del vía crucis cotidiano y entré al kiosco a comprarme la misma botellita de cerveza de todas las noches. Hoy, el árabe o turco que atiende, ya me saludó. Creo que voy a dejar un amigo en Köln.

jueves, 22 de octubre de 2015

miércoles, 21 de octubre de 2015

Desde Köln, Alemania.


Cuarto día en Köln. 

Excelente viaje, y llegué bien a Franckfurt. Entonces me di cuenta de que hablar alemán es “very difficulten” y mi inglés “very difficult” de Tarzán rindió mucho más de lo que esperaba.

Por distintas cuestiones me desencontré con mi contacto en Alemania (suena lindo, muy guerra fría, de hecho: hace frío) y tomé el tren solo hasta Köln. Poca batería en el celular, se hacía de noche y no sabía la dirección del hotel. De pronto empezó a llegar toda la hinchada del Colonia, a la cual esperaban, armados, 4 policías. Tuve el reflejo argentino de pensar lo peor. Fueron apenas 4, 5 minutos, pero siguieron su camino sin mirarme. Incluso me sentí ninguneado por ellos. Después llegué al hotel y fui a cenar con la generosa y amable Profesora Dra. Katharina Niemeyer, que me esperaba en el hotel. Yaguarma (o como se escriba), cerveza y mucha conversación gracias a su perfecto castellano.  

El lunes, de camino a la Universidad, fuimos al Centro de Documentación sobre el nacionalsocialismo de la ciudad de Köln, que fue la antigua cárcel de la GESTAPO, y nos enseñaron el subsuelo donde torturaban, fusilaban y esclavizaban a las víctimas del nazismo. Conmovedor, o mejor dicho, acojonante. Nunca pensé visitar un lugar como ese, tan parecido a los que describí a tanta distancia, sin conocerlos. Ya escribiré algo sobre esto. Por ahora, les dejo el link para que puedan verlo: http://www.museenkoeln.de/ns-dokumentationszentrum/pages/317.aspx?s=317

Ese día, lunes, y el martes, fueron intensos, dedicados a las actividades del International Workshop de la Universidad de Köln “Juventud bajo  la dictadura – aproximaciones narrativas actuales”. Muy buenas exposiciones de los autores, y divertida convivencia entre los participantes. Ernesto Semán, Ariana Harwicz​, Angela Urondo​ Raboy y Jordana Blejmar, de Argentina; Fernando Aramburu, vasco radicado en Alemania; y dos alemanes que vivieron su infancia del otro lado del muro: el escritor de comics Mawil, que presentó una tremenda novela gráfica llamada Kinderland y André Kubiczek, que también leyó fragmentos de una novela muy buena (ojalá la traduzcan pronto) sobre un adolescente en la Berlín soviética. (Me detengo sólo en ellos dos porque no conocía nada de lo que contaron/leyeron con tanto humor sobre la infancia y adolescencia del otro lado del muro.) De todos los participantes, me quedé con ganas de leer más de sus textos. Creo que es una buena señal, o una buena conclusión.

En medio de un recreo de las actividades, pude conocer a Vera Elisabeth Gerling, la editora y profesora de traducción que editó una antología bilingüe de escritores argentinos hace unos años donde incluyó "Un lugar más alejado". Otra de las tantas generosidades que disfruté acá: se vino desde Düsserdolf para verme.

Después tuve un rato largo para charlar a solas con los alumnos que leyeron “El ghetto de las ocho puertas” y “La niña y su doble” durante este último semestre y que están escribiendo un trabajo sobre esos libros. Otra vez digo lo mismo: nunca pensé que alumnos de una universidad alemana se dedicaran a esos textos escritos en La Paternal. La circulación de los libros no deja de sorprenderme. Todavía no me cae la ficha, pero lo disfruté mucho.

Cuando regrese, voy a poner fotos y a extenderme un poco más sobre todo esto, que fue grandioso gracias a la enorme generosidad de Katharina, titular de la cátedra, y de la Profesora Victoria Torres​, docente, organizadora, guía turística, generosa y divertida. A las dos, miles de gracias.

Por ahora, cambio y fuera.