Alejandro Parisi

Alejandro Parisi
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lunes, 6 de octubre de 2025

San Juan 2025

 


Hace 8 años, las profes María Isabel Paredes y Fabiana Puebla les dieron a leer a sus alumnos de la escuela Fray Mamerto Esquiú de la ciudad de San Juan mi novela El ghetto de las ocho puertas y viajé a conocerlos. Aquel viaje me cambió la vida, sin exageraciones. Desde entonces, a la lectura de aquella novela se sumaron La niña y su doble y Hanka 753. Gracias al enorme trabajo y la dedicación de Isa y Fabi, esas lecturas se convirtieron en un proyecto hermoso llamado “Memoria vigente”, al cual se fueron sumando más docentes y escuelas. Poco a poco, todas esas profes ya son amigas, y sus alumnos, mis lectores preferidos. Gracias a Dani Favaro, Laura, Irene, Agostina, Denis, y tantos otros le dieron nueva vida a estas novelas y, así, permitieron que la memoria y el testimonio de Mira, Nusia y Hanka las sobrevivieran a ellas y hoy formen parte de la formación de tantos y tantos chicos y chicas sanjuaninos que a través de esos textos pueden conocer la experiencia de los sobrevivientes del Holocausto.
8 años después, la semana pasada volví a San Juan y volví a asombrarme por el empuje y el trabajo incansable de los docentes sanjuaninos y la empatía de esxs 800 lectorxs (800!!) que leyeron a Mira, Nusia y Hanka en la Escuela Industrial, la Escuela de Comercio, el Fray Mamerto Esquiú, Colegio Parroquial de Santa Lucía, Colegio del Tránsito de Nuestra Señora y el Colegio San Francisco. Un detalle que me sigue emocionando: Mica Olivera, que fue de la primera camada de lectores, esta a punto de recibirse de profe de Literatura y esta vez trajo a sus propios alumnos.
Decir gracias es poco. Recontra gracias. A ellxs y también a las autoridades de cada escuela y de la Universidad de San Juan, que nos abrieron las puertas del Rectorado para poder reunirnos con lxs chicxs.
Gracias por tratarme tan bien, incluso más de lo que merecía.
Nos vemos pronto!!!














martes, 12 de agosto de 2025

Taller sobre el Holocausto, Unidad Penitenciaria 24 de la prov. de Buenos Aires

 



Ayer tuve la suerte de participar del cierre del Taller sobre el Holocausto que llevó adelante la ONG @lesisargentina (Lazos en Educación Salud e Inclusión Social) en el penal 24 de Florencio Varela como parte del programa "Pabellones Literarios para la Libertad" que impulsa el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Provincia de Buenos Aires y el Servicio Penitenciario Bonaerense.

Los muchachos, que leyeron Hanka 753 y La niña y su doble, tuvieron la posibilidad de charlar virtualmente con la sobreviviente Josette Laznowski gracias a la gente del Museo del Holocausto. Fue muy conmovedor escucharlos con tantas preguntas, tanta empatía y tantas ganas de aprender y aprovechar las oportunidades que les ofrecen los Pabellones Literarios y gente como mi querida Cristina Fernández Cuesta, que labura a pulmón con una energía y solidaridad admirables.
Gracias a todos por habernos recibido con esa amabilidad de siempre, me causa mucha admiración las ganas que los muchachos les ponen a estas actividades(como Maxi, que sale en la foto y está estudiando para ser profe de Historia), ver cómo aprenden y cambian el chip año tras año gracias a su propia voluntad para salir adelante y al compromiso las autoridades de la Unidad, pero sobre todo mi agradecimiento a Cris, por permitirme esta experiencia un año más.


viernes, 8 de agosto de 2025

Presentación de El héroe olvidado en La Rioja.

 


Nos vamos a La Rioja.
El martes 12 vamos a estar charlando sobre El ghetto de las ocho puertas, La niña y su doble, Hanka 753 y El héroe olvidado en la librería Rayuela de la ciudad de La Rioja. Si andan por ahí, serán bienvenidos.

jueves, 31 de julio de 2025

San Juan, 2025.



En 2017, junto a Teo Erlich viajamos a San Juan para visitar y charlar con unos alumnos que habían leído y estudiado El ghetto de las ocho puertas. Para los me conocen, saben que aquel fue un viaje emblemático porque pude compartir con Teo todas las emociones que su historia, y la de Mira y Edek, habían generado en aquellos chicos.

Pasaron ocho años, Teo ya no está con nosotros, pero su historia no dejé de leerse entre los chicos y chicas sanjuaninos. Cada año, como una ceremonia, voy a visitarlos gracias al inmenso trabajo que llevan adelante las profes María Isabel, Fabi, Dani y Agus, que han llevado mis tres libros del Holocausto cada vez a más escuelas, a mas lectores. Poco a poco, las charlas fueron creciendo en número.
Este año, como siempre, voy a ir a San Juan a fines de septiembre a charlar con las nuevas camadas que leyeron El ghetto de las ocho puertas, La niña y su doble y Hanka 753. Me esperan 600 alumnos y esas profes que laburan sin descanso por la memoria. Y un detalle que me emociona: Mica (nuestra protegida), que era alumna cuando viajamos por primera vez a San Juan en 2017, va a llevar a sus propios alumnos, ya que ahora es profe de literatura.
Y pensar que con Teo pensábamos imprimir 100 copias anilladas de El ghetto para que lo leyeran sus familiares y amigos, nada más. Como le dije aquella tarde de 2017 en San Juan, mientras él reía feliz de poder contar su historia y yo lloraba como un idiota de la emoción, "claramente esto se nos fue de las manos".



domingo, 22 de octubre de 2023

San Juan y la rutina de la sorpresa.


Como hace ya más de 5 años, regresé a la provincia de San Juan para conocer a lxs jóvenes lecorxs de HANKA 753 y EL GUETTO DE LAS OCHO PUERTAS. La sorpresa siempre es inmensa porque lxs pibxs no sólo leen y analizan mis libros para rendir exámenes de Lengua y/o Historia, sino que los resignifican, le dan una nueva vida, se conmueven y después crean cosas tan hermosas como las que me mostraron lxs alumnxs del Fray Mamerto Esquiú: desde dibujos hasta maquetas con escenas de la vida de Hanka (qué lástima que ella no puede ver lo que hicieron, porque se habría emocionado tanto como yo). Incluso dos chicos me explicaron con una pizarra qué producía el gas letal de las cámaras de gas en las células de los cuerpos de las víctimas.



La charla del miércoles 18 la compartimos con Magda Tagtachian, que les habló a sus lectores de "Nomeolvides Amenhui", la hermosa novela que escribió basada en la historia de su abuela y de su familia, sobreviviente del genocidio armenio.





El jueves 19, además de visitar el Fray, donde estuvimos con Teo Erlich hablando de El ghetto hace tantos años, también pude charlar con los chicos de la Escuela Industrial y de la Comercial, que este año se sumaron al proyecto de la mano de la profe Laura.


Es imposible explicar lo que pasa cada vez que visito San Juan. En primer lugar, disfruto de reencontrarme con gente que quiero y admiro mucho, por su dedicación docente, su cariño y su entrega profesional: María Isabel Paredes y Fabiana Puebla, las creadoras de todo esto, Daniela Favaro, Laura  y Agostina Yofre, Denis Leal., Vero Villavicencio, el querido vice Raúl Trujillo y todos los docentes y autoridades del Fray Mamerto Esquiú y las escuelas preuniversitarias, Industrial y la de Comercio, que me tratan como si fuera mas de lo que soy. 




A lxs chicos, que me interpelan con sus preguntas filosas y me conmueven con la empatía que sienten por los personajes de los libros, gente de carne y hueso, Mira, Edek, Teo, Hanka, León, Nusia, Slawka y Julio,  que ya no están con nosotros pero que siguen acá, con voz poderosa, dejando una y otra vez testimonio de lo que sufrieron durante el nazismo y lo que lucharon para convertirse en sobrevivientes.




A Mica, Gema, Noelia, Lourdes y Florencia, que 2017 fueron lxs primerxs lectorx sanjuaninas de El ghetto de las ocho puertas, y nos sorprendieron a Teo y todos con sus anotaciones, observaciones y el mítico árbol genealógico de aquel pizarrón del Fray que terminó de convencer a Teo de que debía ir a conocerlas. Las conocí siendo pibitas, y por eso me emociona verlas convertidas en estas mujeres empoderadas que son ahora.




A Mariana Godoy y Sebastián, su marido, lectores y amigos de hace años, que se acercaron a escuchar las dos charlas que dimos en el salón de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNSJ.

A todos, gracias por todos los regalos, por el cariño y por las lecturas, porque sin ustedes mis novelas estarían inconclusas: que ustedes las lean cumple el mayor anhelo de Mira, Nusia y Hanka, que era que ustedes, los jóvenes, supieran lo que les había pasado a ellas. 

martes, 30 de mayo de 2023

Tres Mujeres en Holocausto: Mendoza.

La semana próxima vamos a estar viajando a Mendoza para hablar de Mira, Nusia y Hanka. El miércoles 7 vamos a visitar la Kehila de Mendoza y en la mañana del jueves 8 vamos a conversar en el Cine de la Universidad Nacional de Cuyo (Nave Cultural) con alumnos de 4° y 5° año dos secundarios que dependen de la Universidad. Como siempre, muchas gracias a Vaad Hakehilot, y en especial a Tamara Jatem, por confiar en mí y en mis libros, y a la gente de la Kehila de Mendoza que hizo posible este viaje.

Nos vemos el miércoles!




miércoles, 10 de mayo de 2023

HANKA 753 en el Instituto Leonardo Da Vinci de La Plata.


Ayer, 9 de mayo de 2023, viajé a La Plata para conocer a lxs chicxs de 2° Año A, B, C, y D del Instituto Leonardo Da Vinci, que dedicaron parte de sus vacaciones de verano a leer HANKA 753. La propuesta se las hizo su profe de Literatura, Aixa Zlatar, que desde 2018 viene utilizando la novela como introducción a la Segunda Guerra Mundial. 

Como siempre que me entero de estas cosas, me conmovió que pibes y pibas tan chicos se entregaran a la lectura y por eso fui a charlar con ellos, para saber qué les había parecido la historia de Hanka, y también para contarles como había sido el proceso de escritura de la novela y algunas intimidades e ideas que compartimos con Hanka durante ese año que pasé entrevistándola. Me recibieron como si fuera mas de lo que soy, y me preguntaron y opinaron con el asombro y la sinceridad que sólo se tiene a esa edad en que se descubre el mundo, con lo bueno y lo malo que hay en él. 

La mayoría tenía su ejemplar y seguimos conversando mientras se los firmaba. Ahí me enteré de que la novela había traspasado las paredes de las aulas y que muchas de las familias habían leído HANKA 753, y algunas también EL GHETTO DE LAS OCHO PUERTAS, LA NIÑA Y SU DOBLE e incluso LOS PÁJAROS NEGROS. Siempre me sorprenden estas cosas, porque, como digo siempre, la escritura es algo solitario, casi privado que cuando se edita se nos va de las manos (y bien que así sea).



Durante dos horas y media me hicieron reír, me emocionaron, me obligaron a pensar, y no faltó el compañero que me dijo "firmale este libro a X que no pudo venir, pero es recontra pincharrata, escribile eso en la dedicatoria" y cuando estaba a punto de hacerlo los demás me frenaron al grito de "no, X es de Gimnasia". Esa frescura vale oro, y ojalá, si es que leen este post, sepan que están en una edad maravillosa y que me hicieron pasar una mañana hermosa.

Otro detalle que también me encantó: cuando me vieron pasar por el pasillo, los alumnos de 5°A le preguntaron a la profe si podían sumarse a la charla sobre esa novela que ellos también habían leído cuando estaban en 2° año. Fue una alegría conocerlos también a ellxs.

Después, los chicos volvieron a sus clases y nos quedamos hablando un poco con Aixa y Sol Reina, profe de Italiano y Literatura Italiana, sobre la madre patria, sobre Sicilia, Tabucchi y la predisposición de sus alumnxs para escuchar sin interrumpir, para preguntar cosas serias y demostrar cariño y mucha sensibilidad hacia esa nena de nueve años que sobrevivió al Holocausto y nos contó a todos la historia de HANKA  753, su propia historia.




A todos y todas, alumxs, profes y autoridades del Leonardo Da Vinci, gracias por el recibimiento, las lecturas y la ENORME BUENA ONDA con la que me trataron ayer. Prometo volver el año próximo.

A continuación, les dejo algunas de las reflexiones que estxs jóvenes lectorxs me escribieron sobre la novela:




Es un libro muy entretenido y muy bueno. Me hizo sentir escalofríos en el cuerpo cada vez que describía cómo morían personas de hambre, su aspecto y las condiciones de vida en el gueto y en los campos. Siempre me hago la pregunta de cómo es posible que una persona le meta basura en el cerebro a otros y que eso haga que terminen produciendo un genocidio y tal locura animal. También me gustó mucho que, además tener cosas muy impactantes y feas, tenga una linda historia de amor entre medio. (Emma B)

Mi opinión sobre la novela es que está muy buena, ya que aprendés sobre la historia de la humanidad, podés ver lo que sufrieron los judíos en la Segunda Guerra Mundial y también te metés en el papel del sufrimiento. (Pedro)

A mí me gustó el libro. Me dio mucha tristeza. En algunas partes sentí miedo y decepción de las personas. Yo creo que el autor lo explica tan bien que a veces me imaginaba la escena. Me pegó muy fuerte leerlo. (Pilar)

La novela me gustó mucho, me pareció que estaba muy bien escrita y me resultó muy interesante, porque yo no sabía mucho del tema. Aunque algunas partes son muy fuertes, el libro está bueno porque te cuenta una realidad. (Martina)

En algunas partes, por ejemplo, cuando se llevaron a Mordejai, lloré y me puse mal, y no podía creer todo lo que les hacían los nazis a los judíos. Yo siento que enganché con este libro. Pensé que me iba a resultar pesado y que era muy largo, pero fue el primer libro que me gustó. Al autor le diría que me dieron un poco de miedo algunas partes, pero lo felicitaría por hacer que me parezca real toda la historia. (Paulina Y)

Es una hermosa novela que te ayuda a pensar que todos no tenemos una misma vida y que nos puede pasar de todo. (Paulina B)

Fue un libro que me hizo pasar por muchas emociones, desde la angustia hasta la admiración por esa niña que logró sortear terribles adversidades y levantarse a la vida con una tenacidad increíble. Me parece un ejemplo de superación, de resiliencia, para copiar, que puede servir de guía para quienes se rinden fácilmente o no luchan por superarse, pensando que lo que les toca enfrentar es difícil. (Sofía)

La novela me gustó mucho, ya que cuenta la historia real sobre lo ocurrido en el Holocausto y no oculta las partes fuertes de la verdad. (Pilar)

Es una historia que realmente te atrapa. Es muy interesante la historia de Hanka y te marca en muchos sentidos y te transmite muchas emociones. (Mora)

Particularmente a mí no me gusta leer, pero este libro me encantó. Es uno de los pocos que volvería a leer y por eso mismo se lo recomiendo a chicos de mi edad. (Lola)

Esta novela me encantó y, aunque a mí en general no me gusta tanto leer, esta novela me atrapaba y me leía siete capítulos por día, sin parar. Tiene muchas muertes, pero aunque eso no me guste, me encantó cómo lo expresa este libro y es muy impresionante pensar que Hanka estaba viva hasta hace unos años, pensando que fue hace tanto tiempo. (Valentina)

La novela estuvo buenísima, hizo que me interesara en el tema de la Segunda Guerra Mundial y me gustó mucho. (Mirko)

La novela me encantó. No soy una aficionada a la lectura; si puedo evitarla, mejor. Pero esta novela se me hizo muy interesante. A veces me pasaba que no podía dejar de leerla. Me encantó la historia de Hanka. Me hizo llorar, enojar y al final me hizo feliz. (Isabella)

En mi opinión, fue una de las mejores novelas realistas que leí, ya que la pude entender fácilmente y termina con un final muy bonito. Se la recomendaría a alguien a quien no le guste leer para demostrarle que vale la pena leer historias como esta, que te muestran lo horribles que son las experiencias como esta. (Emilia)

La novela me encantó. Hubo partes que me impactaron, sobre todo al principio, y partes que me hicieron sonreír. Además, la novela me hizo aprender sobre el Holocausto y fue muy lindo leerla, aunque tuviera partes tristes, dolorosas y horribles. (Constanza)

A Alejandro Parisi le diría que es un gran escritor porque logró transmitir las sensaciones de cada escena, el dolor, la desesperación y el alivio de cada personaje. (Leandro)

Le diría a Alejandro Parisi que escribió un gran libro porque, cuando lo leés, no podés dejar de leerlo, cada vez querés saber más y más de lo que pasa. Te hace sentir cada cosa que le pasa a Hanka como si te pasara a vos, te hace saber más sobre el tema y que te interese más. (Emma F)

Mi opinión sobre esta novela es que es muy fuerte todo lo que le pasa a la protagonista (la pérdida de sus familiares, las condiciones en las que tuvo que vivir y muchas más cosas), pero a la vez es linda y te deja pensando. (Juana)


lunes, 8 de mayo de 2023

HANKA 753 en las escuelas.

 



Mañana vamos a La Plata para conocer a los chicos y las chicas del Instituto Leonardo Da Vinci, que desde 2018 vienen leyendo HANKA 753 gracias a la recomendación de su profe de Literatura, Aixa Zlatar, que la leyó en 2017 cuando se publicó la primera edición y desde entonces la utiliza como material de lectura en la escuela. Siempre es lindo conocer a lxs lectorxs, y si son chicos, mejor. Hanka estaría contenta de que conozcan su historia.

jueves, 26 de enero de 2023

HANKA 753. Fragmento: la llegada a Auschwitz.



 "En agosto de 1944 finalmente la Judenrat comenzó a desmantelar el ghetto. Apenas si quedaban unos pocos miles de sobrevivientes. A mediados de aquel mes, Hanka, Hela y Raquel vieron cómo se llevaban las maquinarias de las fábricas, y se quedaron sin trabajo. ¿Qué iban a hacer ahora? ¿Cómo iban a sobrevivir? Lo supieron durante aquella semana., cuando los altoparlantes reclamaron la presencia de todos los sobrevivientes del ghetto.
Así, se unieron a esos espectros que ahora permanecían de pie en la calle, abatidos, dispuestos a enfrentar su destino. La mayoría eran mujeres, sobre todo mujeres jóvenes. Hanka y sus hermanas permanecían muy juntas, tomadas de la mano, como si esa proximidad pudiera protegerlas de todo. Poco a poco, los hombres de la Judenrat se acercaron por la calle y anunciaron el final:
-        Hoy todos serán deportados.
Hanka miró a sus hermanas. Raquel y Hela le apretaron las manos para tranquilizarla, pero esta vez en sus rostros no encontró esperanza, tan solo agotamiento.
-        Ustedes son los últimos. En marcha – volvió a decir el hombre de la Judenrat.
Sólo entonces una cuadrilla de SS ingresó al ghetto, apuntando con sus fusiles al grupo de sobrevivientes que no tuvo más opción que ponerse en marcha. Lentamente, comenzaron a avanzar a pie hacia la estación de tren. Nadie hablaba. Nadie intentó escapar. Estaban tan derrotados que habían perdido todo rastro humano: ya no tenían esperanzas, rebeldía, temor. Ese había sido el triunfo más cruel de los nazis.
Cuando alcanzaron la estación, Hanka pudo ver a ese monstruoso gusano metálico vomitando humo. Las puertas estaban abiertas. Pronto, los alemanes dividieron al grupo de sobrevivientes en los vagones de carga, tres para las mujeres y otro para los pocos hombres jóvenes que habían sobrevivido hasta ese día, el último día del ghetto de Lodz.
Las mujeres comenzaron a amontonarse frente a la puerta del vagón que les habían asignado. Sintió que alguien la empujaba, luego un pisotón, luego un golpe en la espalda. Había perdido de vista a sus hermanas.  
-        Hela, Raquel… ¿dónde están? – gritó, sin obtener respuesta.
-        Suban, judías – gritó un alemán, y ellas comenzaron a subir.
A simple vista, Hanka podía imaginar que aquel vagón no podría contenerlas a todas. Pero eso a los alemanes les importaba poco y nada. En un momento, sintió que alguien le sujetaba la mano. Hela. Dentro del vagón, Raquel extendía sus brazos para ayudarlas a subir. Empujada por las demás, Hanka pudo alcanzar el piso del vagón, y lo encontró lleno de polvo, un polvo negro que se agitaba con los pasos de las mujeres que seguían subiendo, incontables, apretándose entre ellas en aquel lugar tan estrecho. Hanka sintió que algo áspero le entraba en la boca.
-        Es carbón, todo está lleno de polvo de carbón – gritó una mujer.
Otras comenzaron a llorar. Una rezaba. Otra, en medio de un ataque de pánico, gritaba que iba a morir. Cuando las puertas se cerraron, Hanka sintió que le faltaba el aire. Rodeada y oprimida por otros cuerpos, intentó respirar aire limpio acercándose todo lo posible a las pequeñas ventanas del vagón. Era imposible. El polvo de carbón flotaba en el aire, tapándole los poros, dándole una sensación de sed y sequedad.
-        ¿Adónde nos llevan? – preguntó Hanka.
-        A trabajar – dijo Hela, tosiendo.
-        Nos van a quemar en los hornos – dijo una mujer, golpeando con sus puños las paredes de madera.
-        No le creas. Todo va a estar bien – dijo Hela, apretándole la mano.
Entonces el vagón se sacudió y el tren se puso en movimiento. El chirrido de las ruedas sobre los rieles era tan agudo que hacía doler los oídos. Pero a ella no le molestaba. Ni eso ni el polvo que le entraba por la nariz y la boca, ni los gritos, ni el llanto de las demás mujeres que se empujaban y la pisaban. Todo había dejado de importarle y las vanas promesas de su hermana mayor eran solo eso: vanas promesas de una esperanza que ella había perdido en el mismo momento en que se llevaron a su padre, y cerraron las puertas del tren.
Se marchaba de Lodz, donde había llegado hacía ya diez años con su padre y esos seis hermanos de los cuales sólo conservaba a dos. Malka estaba perdida en Argentina, Bernardo había muerto en la frontera, Abraham y Oskar en algún lugar del ghetto, su padre había sido vejado delante de sus ojos. Y así, en la oscuridad de aquel vagón colmado de mujeres asustadas y derrotadas, Hanka sintió que la vida y la muerte eran tan parecidas que ella no podía discernir cuál era mejor. ¿Adónde la llevaban? Tampoco le importaba eso. Se conformaba con haber sobrevivido hasta ese día, de estar junto a sus hermanas, de seguir de pie. De haber un futuro, ya no podía ser bueno. Ningún futuro podría borrar de su mente lo que había vivido hasta entonces. Aunque en ese momento Hanka no sabía que lo peor aún estaba por llegar: que la vida, para aquellos judíos que iban camino a la nada, podía ser mucho más cruel que cualquier tipo de muerte.




Viajaron durante horas. Se hizo de noche, y con la oscuridad también llegó el frío. Los cuerpos que la rodeaban no bastaban para darle calor. De a ratos, el cansancio la obligaba a cerrar los ojos pero enseguida alguien la pisaba o la golpeaba y debía reaccionar para no ser lastimada. El vagón se sacudía, las mujeres sollozaban. Y sin embargo el tren continuaba su marcha, sin que ningún país del mundo hiciera nada por detenerlo.  
Más tarde, por las pequeñas ventanas enrejadas vieron que el cielo se encendía con los colores del alba. El frío se hizo más intenso. Entonces el tren comenzó a reducir la velocidad y finalmente se detuvo. Desde afuera les llegaron gritos, órdenes pronunciadas en alemán, rumor de botas sobre el piso y un olor extraño.
-        ¿Dónde estamos?
-        No sé, Hanka. No sé – dijo Hela.
Durante un tiempo que les resultó eterno permanecieron allí paradas, asustadas, respirando partículas de carbón. Luego, la puerta del vagón se sacudió con violencia. Cuando se abrió, la claridad les perforó los ojos. Instintivamente, las mujeres comenzaron a retroceder, tratando de esconderse, de pegarse a la pared opuesta a la puerta. Pero era imposible escapar.
Afuera, mujeres alemanas vestidas con ropas militares comenzaron a gritarles cosas que ellas no podían entender. Volvieron a apretujarse contra el interior del vagón, provocando una nueva nube de polvo negro que comenzó a salir hacia el exterior. Entonces se oyó un disparo. Apuntándoles con un arma, una de las alemanas dijo en polaco:
-        Abajo, judías.
Poco a poco fueron abandonando el vagón. Les costaba mover las piernas luego de pasar tantas horas de pie. Sólo entonces pudo contemplar el rostro de sus hermanas completamente teñidos de carbón. ¿Ella estaría igual? Se tocó la cara, vio el dedo negro. Como las demás, ella también abrió los ojos de par en par para ver las rejas que rodeaban un predio donde se elevaban precarios barracones. Más allá, una enorme chimenea se alzaba hacia el cielo diáfano, soltando una columna de humo blanquecino. Mientras evitaba los empujones de las alemanas, Hanka siguió con la mirada las rejas hasta que descubrió un cuerpo quemado y aún humeante sujeto a los alambrados electrificados.
-        Eso es lo que le pasa a los que quieren escaparse – dijo una de las alemanas en polaco, para que todas entendieran.
Condujeron a los sobrevivientes del ghetto de Lodz a fuerza de golpes y amenazas a través de un sendero de tierra, en dirección al portón por el que se ingresaba al inmenso campo. Hanka caminaba en silencio, arrastrando los pies, rodeada por Hela y Raquel. Al atravesar el portón, miró hacia arriba: “El trabajo los hará libres”, decía un cartel forjado con letras de hierro.
Alcanzaron la puerta de un barracón, donde había varias mesas con oficiales hombres sentados ante unos cuadernos de hojas largas donde fueron inscribiendo el nombre de las recién llegadas. Cada vez que una mujer se acercaba, la obligaban a desnudarse y, luego de preguntarle el nombre y el origen, le otorgaban un número de varias cifras. Hanka vio cómo dos alemanas le quitaban la ropa a Raquel y la increpaban a los gritos. El cuerpo blanquísimo por los años de encierro, y el rostro, el cuello y los brazos negros de carbón. Avergonzada, Raquel demoraba sus movimientos. Al recibir un golpe en las costillas comenzó a apurarse. Cuando terminó, se volvió y pudo ver que lloraba. Siguieron pasando otras mujeres. Y entonces llegó su turno. Lentamente, caminó hasta la mesa, dijo su nombre. El hombre la contempló con una media sonrisa, y dijo un largo número del cual ella sólo puedo retener las últimas tres cifras:
-        753.
Ya no era Hanka Dziubas. Hasta eso le habían quitado. Ahora era 753, apenas un número en aquel engranaje de odio y destrucción. Pensaba en ese número cuando dos alemanas comenzaron a quitarle la ropa. Su primera reacción fue resistirse, pero al recibir el primer golpe no pudo hacer otra cosa más que obedecer. Pronto, la vergüenza superó al miedo. Mientras la desvestían, ella intentaba cubrirse sus partes íntimas con las manos para que el oficial de las SS no viera su desnudez.
La condujeron junto a las demás mujeres desnudas y allí tuvo que esperar que el grupo entero se registrara, se desnudara y obtuviera su número de identificación. Junto a la mesa del SS se había formado una montaña de ropa sucia. ¿Y ahora? Con la mirada buscó a sus hermanas. Estaban petrificadas, tan sorprendidas y asustadas que no le dedicaron ni una sola palabra de esperanza. Sólo silencio.
Las obligaron a caminar hasta otro lugar donde tuvieron que formar una fila. Una a una, las mujeres fueron presentándose ante una alemana corpulenta que sostenía una máquina extraña que Hanka nunca había visto.
-        ¿Qué nos van a hacer? – preguntó.
Pronto tuvo su respuesta. La alemana sujetó la cabeza de la primera mujer de la fila y comenzó a cortarle el cabello hasta dejarle la cabeza completamente rasurada. Llegó su turno, y debió caminar sobre una alfombra de cabellos mutilados. Se dejó tomar la cabeza con violencia, y poco a poco vio cómo aquellas trenzas que Mordejai acariciaba iban cayendo al suelo, como el traje de aquella niña que Hanka ya no volvería a ser. Cuando la alemana terminó, 753 fue a reunirse con sus hermanas y el resto de las mujeres de rostros negros y cabezas rasuradas. No pudo evitar llevarse una mano a la nuca y acariciar esa piel áspera que ahora le cubría la cabeza. Enflaquecidas, calvas, derrotadas, todas miraban el suelo. ¿Qué más podía ocurrirles?
Mientras la última mujer de la fila perdía sus cabellos rubios, las alemanas eligieron algunas prendas estrechas de entre la montaña de ropa y señalaron a tres chicas que a pesar de las carencias del ghetto aún se mostraban obesas. Riendo, las alemanas las obligaron a vestirse con esas ropas demasiado pequeñas para sus cuerpos exuberantes, que dejaban sus partes íntimas a la intemperie. Una de las alemanas empezó a aplaudir y las demás obligaron a las tres chicas a que bailaran para ellas. Las tres lloraban, pero obedecían. Bailaban y lloraban mientras Hanka y las demás se desmoronaban y comprendían que habían llegado a un lugar mucho más peligroso que el ghetto.
Las alemanas se aburrieron o recordaron que estaban allí para otra cosa, y entonces condujeron a todo el grupo a un barracón vacío. Durante unos segundos, Hanka y las demás esperaron que las asesinaran. Pero de pronto, desde los caños que atravesaban el techo, comenzó a caer una lluvia de agua helada. Hanka temblaba. Con las manos intentaba lavarse el rostro, las manos, la cabeza áspera, viendo cómo un río ennegrecido por el carbón comenzaba a escurrirse por el suelo.
Al fin, las duchas se apagaron y otro grito las obligó a salir al sol del campo. Allí, otras mujeres que no llevaban ropas alemanas les fueron entregando ropa al azar. Apenas unos vestidos de tela fina, sin ropa interior ni calzado. Hanka se apuró en vestirse. La sensación de no tener ropa interior la hacía sentirse desnuda, expuesta ante un peligro y una humillación mucho más peligrosa que los fusiles nazis.
Las dividieron según habían viajado en los vagones y recibieron la orden de avanzar. La noche comenzaba a caer. Descalza y hambrienta, caminaba junto a Hela y Raquel hacia un grupo de barracones, cada uno separado del otro con alambrados electrificados que rodeaban el perímetro del barracón y dejaban diez metros cuadrados vacíos, con tierra reseca.
-        Entren.
Todas las mujeres se lanzaron deprisa hacia el interior mientras Hanka leía el cartel que estaba sujeto sobre la puerta: BLOQUE 5. En un momento vio que sus hermanas entraban, y las siguió. Dentro, todas las literas de dos y tres pisos que rodeaban las paredes ya estaban ocupadas por otras mujeres. El resto se habían acostado sobre los mosaicos del suelo, sin esperar nada. Agotadas por el viaje y las vejaciones del día, todas guardaban silencio y se disponían a dormir o, al menos, descansar el cuerpo. Buscó un sitio junto a Raquel y Hela, que seguían sin hablar. Ella tampoco tenía ganas de decir nada. Acostada en el piso helado, apenas sintiendo el contacto de sus hermanas y la presión de los otros cuerpos que la rodeaban, podía oír quejidos, suspiros, murmullos lastimeros que no decían nada.
En el aire, entre los olores fétidos de aquellas mujeres que llevaban horas enteras sin poder ir a un baño, creyó sentir el dulce perfume de la carne asada. Sintió hambre, se le llenó la boca de saliva y su vientre emitió un quejido. Llorando, buscó la mano de Hela y se aferró a ella con todas sus fuerzas, como si ese mínimo contacto bastara para quitarle el miedo.
Habían llegado al infierno de Auschwitz."

Hanka 753, Ed. Sudamericana, 2017.