Alejandro Parisi

Alejandro Parisi

domingo, 26 de noviembre de 2017

HANKA 753 según Patricia Suárez: reseña en Revista Ñ



Gracias a la querida Patricia Suárez por la reseña que publicó en Revista Ñ.


 

Peripecia atroz con final feliz

La historia real de una sobreviviente de Auschwitz que recaló en la Argentina se convierte en una vertiginosa biografía novelada.

A esta altura nadie duda de que una de las capacidades del escritor Alejandro Parisi es la de saber escuchar historias. Ya lo hizo en El ghetto de las ocho puertas sobre la vida de Mira Ostromogilska, sobreviviente del ghetto de Varsovia, y en La niña y su doble, sobre la vida de Nusia Stier, quien para sobrevivir en Lwow (Polonia) durante la Segunda Guerra Mundial debió cambiar de identidad constantemente.

Su último libro, Hanka 753, cuenta la historia de Hanka Dziubas Grzmot, una mujer polaca sobreviviente de Auschwitz. Su peripecia es tan aterradora como la de cualquiera de los seis millones de judíos que no sobrevivieron; de muy niña el miedo a los ataques antisemitas en Lodz; luego las desapariciones y deportaciones cuando los nazis crearon el ghetto de Lodz; y por último, el horror total, la deportación de las hermanas Grzmot a diferentes campos de concentración, entre ellos, Auschwitz.

El lector sabe desde el vamos que aquí hay un final feliz –la protagonista vive–, porque Hanka tiene la fortuna y el valor de contarlo para que el escritor conviva con este material y cree su obra. Hanka Dziubas, lo mismo que las protagonistas de sus libros anteriores, se instalaron en Argentina y llevaron aquí una vida de compromiso en la búsqueda de sentido para el genocidio por el que habían pasado y para impedir que algo semejante vuelva a suceder. De hecho, Hanka Dziubas trabajó activamente en la ORT y a fines de los 60 se sumó junto con su marido a la Sherit Hapleita Argentina, una institución fundada por sobrevivientes de la Shoa. O, como ella misma se pregunta en el libro: “¿Hasta cuándo los judíos vivirán con miedo? ¿Bastaría con la derrota de Alemania para recuperar la entereza, la fe, la vida que habían sabido tener?”. La novela comienza con la invitación que alumnos de la ORT hacen a Hanka de viajar a Polonia para visitar el campo de concentración de Auschwitz en cuyo bloque 5 ella había estado confinada. Hanka teme regresar y no sabe cuánto el viaje y la emoción podrían afectar su salud; la novela es la historia de esta decisión de regresar o no.

Una de las premisas de los sobrevivientes luego del Holocausto fue “dejar testimonio” de aquello que sucedió, y en este sentido más de una institución judeoargentina se plegó al cometido: la empatía con el dolor ajeno es la única manera de impedir que un nuevo ataque se perpetre. A su modo, Parisi como escritor también se hace eco de esta manera de pensar la solidaridad –y, por qué no, la militancia por la paz–, pero una cosa es recopilar historias de sobrevivientes –como muy bien lo hace Aída Ender en los Cuadernos de las Generaciones de la Shoa– y otra, crear una ficción, una biografía novelada, a partir de un relato de la vida real. Podría muy bien cuestionarse que estos libros no son ni historia, ni biografías, pero dado que el autor no falta a la verdad y que su pluma es impecable, vertiginosa, emotiva, ¿no podría considerárselo una estrategia para plasmar estas historias que de otro modo se perderían?

¿No es peor que las historias que mucho podrían enseñarnos caigan en el olvido? Las historias de vida son un género en sí mismo y al que el lector se prende ansioso. En Argentina en 2017 fueron publicadas una decena, de las cuales se podrían destacar Chicos de Varsovia de Ana Wajszczuk, El salto de papá de Martín Sivak o No me olvides, Armenhui de Magda Tagtachian. Sucede con estos libros que, a través de la voz personal del narrador, comprendemos más o menos de qué materia infernal está hecho el mundo, y por dónde se puede aspirar a mejorarlo.

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